Un modelo de crecimiento puede etiquetarse de "sostenible" si asegura su continuidad a medio plazo en tres aspectos. Debe ser sostenible económicamente, es decir, garantizar trabajo y rentas a todos los miembros de la sociedad y, para ello, en un contexto de mercado libre y de globalización, debe tener unos niveles de eficiencia que permitan competir en el mercado internacional. Debe ser sostenible socialmente, es decir, asegurar una distribución equitativa de riqueza e ingresos entre los ciudadanos, eliminando injusticias y orientando los frutos del crecimiento hacia el bienestar y el desarrollo personal de todos. Y debe ser sostenible ecológicamente, es decir, hacer un uso de los recursos naturales que evite su agotamiento y haga posible su renovación y debe generar un volumen no excesivo de residuos para permitir su adecuado reciclaje, evitando así la degradación medioambiental y la deriva climática. Si alguno de estos tres aspectos se olvida, se producirá un empobrecimiento económico, una revolución social o una inestabilidad ecológica. En todo caso, no será sostenible.
Hemos de ir eliminando el carácter unidimensional del término sostenibilidad, tan acertadamente inventado y defendido desde el ámbito ecológico, para entender que el objetivo es la "sostenibilidad global". Global en un doble sentido. Porque se refiere a las tres dimensiones indicadas y a los necesarios equilibrios entre ellas a fin de evitar que un énfasis excesivo en una ponga en peligro las otras. Y porque se plantea no en el ámbito de un país o una zona, sino del conjunto del planeta, ya que la movilidad de productos, personas e información ya no permiten soluciones aisladas que no sean extensibles al resto de países.
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